El mejor asiento del ministerio juvenil /Eliezer Ronda

Una de las cosas que más procuro cuando voy a ir a una actividad es buscar que pueda obtener el mejor asiento posible. Es muy molestoso llegar a un lugar y sentarse en un espacio donde la visibilidad sea muy difícil. Personalmente me refiero a esos conciertos, eventos deportivos y aún las películas que veo en el cine junto a mi esposa Raquel. No hay nada peor que después de haber estado esperando por mucho tiempo para ir a ser parte de un evento, las sillas disponibles sean tan lejanas que la vista parezca presentar a hormigas el escenario. Ni hablar si cerca de donde nos sentamos hay una columna o algún objeto que obstaculice la vista. En ese sentido me pongo a pensar como estamos haciendo para proveer un espacio cómodo para que los chicos y chicas que asisten a nuestros grupos puedan tener “buenos asientos” para poder apreciar de cerca la presencia de Dios en sus vidas y no que se convierta en una actividad microscópica que requiera de ciertos equipo de magnificación para poder ver. Me parece que ese puede ser el caso de muchos de nosotros en el trabajo ministerial cuando la prisa y el afán por la “excelencia” nos dominan y obviamos la importancia del servicio.

En la Biblia podemos encontrar como en una ocasión una mujer se le acercó a Jesús con una petición simple. Le preguntó que si era posible que cuando Él estuviera en su reino, sus dos hijos se pudieran sentar el uno a la derecha y el otro a la izquierda. Lo curioso es que esta mujer es la madre de dos de los discípulos más destacados que tuvo Jesús. Es la madre de Juan y Jacobo. Además, ella hace todo lo que se nos ha enseñado que es necesario hacer para ir delante de Dios. Mateo presenta que ella se arrodilla y le dice: “Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21). Esta mujer le ha pedido de rodillas a Jesús que sus hijos tengan trato preferencial de VIP y puedan estar al lado de Jesús para participar de los privilegios de su reino. Creo que esta es la batalla que todos tenemos con relación a lo que significa estar ubicado en el reino de Dios. Creemos que la visibilidad es el factor determinante para poder ser reconocidos y galardonados por Dios. En este caso no me refiero a visibilidad que tenemos, sino la que queremos que tengan los demás con relación a quienes somos.

Para mí es muy lamentable ver como muchas personas optan por tentación del protagonismo en las tareas y responsabilidades en el ministerio juvenil. En ocasiones optamos por el aplauso, el reconocimiento y las imágenes que podemos producir al “sentarnos al lado de Jesús”. Sin embargo Jesús, le hace un señalamiento a esta mujer y le dice: “Ciertamente beberán de mi copa --les dijo Jesús--, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo.” (Mateo 20:23). Que interesante que Jesús presenta que podemos ser parte de sus padecimientos que el lugar donde nos sentemos es irrelevante cuando vamos a medir que es lo medular a la hora de hacer ministerio. Permíteme hablarte de varias sillas que son las que debemos buscar al momento de hacer ministerio con los chicos de la iglesia. Es importante estar claros que hay sillas que debemos ocupar y hay otras que deber ser ignoradas.



La silla del respeto

Es importante siempre recalcar que cada joven que se acerca a nuestros ministerios merece respeto. En ocasiones hay muchas veces que ellos pueden presentar rasgos de deficiencias que nos tienten a responder con una burla y con ignorancia de sus actividades, pero es nuestra responsabilidad como líderes amarles y respetarles. Creo que vivimos a veces de manera tan acelerada que obviamos lo importante que es respetar la diversidad. Seamos sinceros con nosotros mismos, hay chicos que nos gustaría que por sus particularidades no visitaran la reunión del grupo. La tentación que tenemos en esos momentos, puede ser de sacarles y hasta de regañarles públicamente por que no responden a nuestras ideas y esfuerzos de hacer buenas reuniones. El Salmo 1:1, encontramos que es “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”. Usualmente se ha utilizado este verso para señalar los lugares en donde no nos debemos “sentar”. Han sido muchos los que han dicho que el cine, las discotecas, los parques de diversiones, etc… están llenos de sillas de escarnecedores. Sin embargo, la palabra hebrea que se utiliza para escarnecedores es luts, que significa mofarse o burlarse. En otras palabras cuando nos mofamos y o burlamos de nuestros chicos, hacemos de nuestro ministerio juvenil un lugar que presente sillas de escarnecimiento. Es un gran pecado confundir los asientos del ministerio en donde Dios nos ha llamado en sillas de burla y mofa. Cada joven que participa de nuestras reuniones merece respeto. No importa que piense, camine, vista, actúe y coma diferente, nuestra responsabilidad es proveer un lugar de respeto en el ministerio.

La silla de la compasión

Si hay algo que debe caracterizar al ministerio juvenil en este tiempo es el ejercicio de la compasión y la misericordia. No podemos ignorar que muchos de los chicos que se acercan a nuestros grupos han sido heridos y marcados por experiencias difíciles en su vida y nuestra responsabilidad es darle un espacio en nuestras reuniones y actividades sin tomarles en cuentas sus deficiencias sino su presencia. En el libro de Lucas podemos encontrar como en una ocasión Jesús estaba sentado en casa junto a los fariseos y se acercó una mujer con una reputación dudosa que no era aceptada por la gente. Esta mostró una actitud de humillación delante de Jesús puesto que no paró de llorar y enjugar los pies de Jesús con sus cabellos. La reacción de las personas que estaban con Jesús era que si Él supiera quien era quien se había apostado sobre sus pies, no debiera estar permitiendo que lo tocara. Es común ver chicos con reputaciones dudosas que se acerquen al grupo juvenil. Es probable que conozcamos de la trayectoria de ellos y que puedan parecer “amenazas” para los demás chicos que participan activamente del grupo. Te invito a que te sientas en la silla de la compasión. La misericordia es la esencia del evangelio y los jóvenes deben aprender a base de nuestro testimonio que es muy importante hacer uso de ella. La palabra misericordia viene de dos palabras en latín que son: “miserere” y “cardio”. Estas significan miseria y corazón. En otras palabras la misericordia es el ejercicio de poder identificar nuestro corazón con la miseria de otro. Las palabras de Jesús fueron maravillosas al decir: “Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. Entonces le dijo Jesús a ella: --Tus pecados quedan perdonados.”(Lucas 7:47-48.)
Jesús tuvo compasión de esa mujer y les enseñó a los fariseos que estaban allí que ella merecía perdón. Los chicos y chicas que asistan a nuestras reuniones, necesitan ser perdonados y amados. Es necesario que los demás sean testigos de ese perdón. Nuestro llamado hacerlo con madurez.

La silla del aprendizaje

Como líderes de ministerios estamos muy tentados a ser actividades y eventos que sean impactantes a la vida de los chicos. Es maravilloso esforzarse por siempre hacer lo mejor a fin de que los chicos disfruten cada espacio de las cosas que hagamos. La tentación por hacer cada vez más cosas que sean memorables muchas veces hace que olvidemos tener experiencias memorables con Dios. El afán por el perfeccionismo y los detalles hacen que obviemos la importancia y la esencia de la reunión. Hacemos las cosas por que Jesús ha tenido una palabra de inspiración para nuestras vidas y debemos buscar que esa palabra y consejo nunca decaiga de nuestros corazones. Como líderes solemos ser como Marta que estaba afanada en “servir” a Jesús de la “mejor” manera. Su deseo de agradarle se ubicaba más en una actitud de impresionarle que en realmente celebrar su presencia en su casa. No debemos olvidar, que nosotros no somos quienes para impresionar a Dios. Nuestras actividades, predicaciones, conciertos, eventos, campamentos nunca impresionarán a Dios. Ahora, nuestra actitud puede cautivar su corazón. Necesitamos espacios para aprender y buscar su voz. En esa ocasión que Jesús visitó a Marta y a María, las actitudes de estas dos hermanas eran muy diferentes. Marta estaba preocupada y esforzada con muchos quehaceres, mientras María estaba sentada a los pies de Jesús escuchando su palabra. Necesitamos procurar un espacio para escuchar la voz de Dios. Es importante tener un espacio para aprender y dejarnos enseñar. Las muchas actividades nos pueden llevar a caer en el activismo en vez de ser un líder activo. El tiempo que dediquemos a aprender es uno incalculable. Jesús dijo: “María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará” (Lucas 10:42). Lo que aprendemos nunca se pierde. Es una inversión que siempre permanece. Procuremos sentarnos a aprender y a escuchar la voz de Dios.

La silla del servicio

El tiempo que estamos colaborando como líderes es uno que se presta para el reconocimiento de la autoridad. Es lamentable cuando muchos líderes optan por una actitud autoritaria ante los chicos con tal de que les respondan y aprendan a estar bajo autoridad. Necesitamos proveer un espacio de servicio. Los jóvenes deben ver en nosotros los primeros servidores. Ahora, es importante promover una actitud de servicio por encima de lo que podamos recibir. Confieso que en ocasiones me incomoda el que se predique que tenemos que servir para recibir un galardón. Creo que la actitud a la que Jesús se refirió en el servicio era una que trascendiera lo que recibiéramos. Jesús dijo: “Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor. y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20:26-27). Cuando la madre de estos dos chicos se acercó donde Jesús para su humilde petición, la palabra griega para siervo que se utiliza es “doúlos” que quiere decir esclavo. Personalmente, no creo que ningún esclavo estuviera sirviendo para recibir algo a cambio. La referencia es a servir. No podemos olvidar que la lección principal que Jesús quería enseñar era el servicio y no ser servido. La grandeza del ministerio estriba en el servicio. Nuestros chicos deben ser atendidos por líderes que entiendan que eso debe estar ubicado en el ADN de un creyente. Cada joven que participa de las reuniones debe sentirse como en su casa, pues hay lugar para ellos. Nuestro trabajo es ser anfitriones de cada uno de ellos. Necesitamos cultivar una actitud de servicio para un ministerio juvenil sano.

Quiero animarte a que pienses como están ubicados los “asientos” de tu ministerio juvenil. Procura que tengan la mejor visibilidad al rostro de Jesús. Que los chicos sientan que son respetados, amados, enseñados y servidos. De la misma manera, entender que lo hagamos con la mejor actitud posible que no se enmarque en el protagonismo. Es un asunto de vencer nuestro ego como líderes y procurar un espacio que cultive un sano ambiente en los chicos que participan del grupo. Me parece que a fin de cuentas, Jesús nos invita a todos a su mesa. Allí estamos todos los chicos y chicas del ministerio. En ese lugar no sentamos a compartir y comer y de repente me parece escuchar la voz del maestro que dice “Haced esto en memoria de mí.” Que todo lo que hagamos como líderes cultive en la memoria de los chicos la persona de Jesús. Sentémonos pues a la mesa con él y partamos el pan y tomemos la copa en memoria de Él.

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La pregunta que todo líder juvenil debe hacerse / Karen Lacota

Por qué hacemos lo que hacemos, en otras palabras, por qué tomamos la desafiante labor de ser líderes de jóvenes, en un momento en que todo parece indicar que el tiempo en el que vivimos es el más complejo, donde la vida cristiana es sólo una opción más en el extenso menú de diversidades que ofrece el mundo actual.
Lo hacemos porque tenemos un compromiso genuino con Dios por generar una contracultura, por quebrar el sistema de este mundo, por una necesidad de producir un cambio que conlleve a una transformación, a una ruptura de estructuras de pensamientos que han mantenido cautivas a generaciones. Porque no desconocemos el plan básico del enemigo para destruir los propósitos de Dios en la vida de nuestros jóvenes. No lo ha cambiado con el correr de los tiempos; solo han cambiado las estrategias, las formas, y los medios que ha utilizado para la transmisión de filosofías humanas que marcaron con engaño y confusión todos los tiempos, trazando una línea divisoria entre Dios y el hombre, y que nada tienen que ver con el plan diseñado por Él.
Lo hacemos porque hemos sido creados para este propósito.
Miremos a una joven en la Biblia, Ester, recientemente electa por el rey de Persia como su reina, en medio de una sociedad que está a punto de ser conmocionada, y en la que ella tendrá una participación que marcará el rumbo de su pueblo. En escena aparece un pariente, Mardoqueo, éste oyó sobre un complot para asesinar a todos los judíos que viven en Persia. Pone al tanto a Ester, quien en un primer momento no piensa hacer absolutamente nada para impedirlo. Cuando entonces escucha de parte de su tío las palabras que revelarán a Ester su propósito: “…Dios te colocó en el trono precisamente para un momento como éste”. Al igual que Ester hemos sido escogidos para este tiempo, es nuestro momento en la historia.
Servimos a ésta generación porque ese es el propósito de Dios para nuestras vidas… a esto hemos sido llamados.
Lo hacemos porque creemos en ésta generación.
Sabemos que los jóvenes tienen el potencial de transformar nuestras sociedades cuando sembramos los principios de Dios en sus vidas.
Nos encontramos en una cultura pluralista en donde nuestros jóvenes batallan día a día por defender su fe, y mantenerse inquebrantables a los principios que han recibido. Esto me recuerda a Daniel y sus tres amigos que fueron llevados a Babilonia para servir dentro del palacio al rey Nabucodonosor. De una educación judía, con enseñanzas cimentadas en los preceptos de Dios, pasaron a vivir en una cultura del relativismo, donde se encontraron con una realidad que no conocían, un mundo fuera del suyo, una sociedad amoral, regida por ideologías basadas en el hedonismo y donde constantemente tenían que decidir a quien agradar. Mantenerse inalterables en un mundo que ofrece diversos estilos de vida como una opción válida, demanda un sólido fundamento de los principios de Dios en sus vidas; evidentemente éstos cuatros jóvenes lo tenían y eso se evidencia cuando enfrentaron situaciones que ponían en riesgo su compromiso con Dios.
Entonces, enseñarles el carácter de Dios más que sólo ayudarlos a sobrevivir su juventud es la mayor responsabilidad que tenemos. Debemos enseñar, no una nueva filosofía de vida, sino la Palabra de Dios que con su verdad absoluta e inmutable, que trasciende el tiempo y el espacio, determinará sus decisiones, y que al igual que los tres amigos de Daniel cuando su fe pase por el fuego escogerán desafiar al sistema, y mantenerse firmes antes que honrar y adorar a otro dios que no fuera el suyo (Dn.3:28), aún cuando sus vidas e intereses estén en riesgo.
El Dr. Lucas Leys menciona en su libro “El ministerio Juvenil Efectivo” que:
“Ser líder de jóvenes es tener el privilegio de sembrar en el terreno más rico y afectar sus vidas en esa etapa. Es influenciar décadas de decisiones y de relaciones humanas”

Fuente: www.especialidadesjuveniles.com

8 Habitos de la gente Altamente Efectiva

El modelo de Siete Hábitos de Stephen Covey de la gestión y del liderazgo es una teoría que es aplicable a nuestra vida personal, a nuestra vida social y a nuestra vida laboral. Sin embargo el marco de los Siete Hábitos es altamente aplicable para líderes y gerentes. Según Covey, nuestros paradigmas afectan la forma en cómo interactuamos con los demás, lo cual en respuesta afecta cómo los otros interactúan con nosotros.

Por lo tanto Covey discute que cualquier programa eficaz del esfuerzo personal deba comenzar con “de adentro hacia afuera” un acercamiento, más bien que observando hacia nuestros problemas como “estando hacia fuera allí” (de afuera hacia adentro un acercamiento). Debemos comenzar con examinar nuestro propio carácter, paradigmas, y motivos.  

Primer Hábito: Ser proactivo.

   La proactividad se refiere a que ante cada estímulo del medio ambiente tenemos la habilidad de decidir la respuesta que queremos dar, esto quiere decir que no somos esclavos de las acciones que sobre nosotros se efectúan, sino libres ejecutores de nuestra conducta. Un ejemplo práctico en nuestra vida es el de un chofer de un automóvil que nos grita una obscenidad o nos toca con insistencia la corneta. En este caso nuestra respuesta puede variar desde tomar un arma y dispararle para luego sufrir las consecuencias legales de nuestra conducta hasta simplemente ignorarlo y no dejar que altere nuestra tranquilidad. 

Lo importante es que la decisión es nuestra, que somos los responsables de nuestra conducta.

  Segundo Hábito: Empiece con un fin en mente.

      Este hábito consiste en que nuestra conducta no la debe regir el capricho ni el azar, debemos tener objetivos precisos a los cuales acercarnos: Un título universitario, comprar una casa o un carro, mantener una relación armoniosa con nuestros familiares y compañeros de trabajo. Cada vez que tomemos una decisión importante debemos decidir si ésta nos acerca o nos aleja de nuestros objetivos. 

 Tercer Hábito: Establezca primero lo primero.
    El capitulo comienza un una frase del sabio alemán Goethe: " Lo que importa más nunca debe estar a merced de lo que importa menos". Consiste en distribuir nuestro tiempo sobre la base de prioridades: El autor describe un método de organizar el tiempo sobre la base de cuatro cuadrantes en los cuales coloca las actividades: urgentes, no urgentes, importantes y no importantes. 

 Cuarto Hábito: Pensar en Ganar-Ganar.
   Este hábito indica que nuestras interacciones con otros seres humanos siempre deben ser de mutuo beneficio, que no existe otra opción. Nuestra relación con un cliente debe ser ganar-ganar, si yo gano y mi cliente pierde, pierdo al cliente. No existe otra opción, aunque a corto plazo otros tipos de relaciones resulten en ganancias inmediatas, a largo plazo vemos que son ineficaces y perjudiciales para ambas partes. El autor explica que si después de razonar con nuestro interlocutor no logramos un acuerdo ganar-ganar, nos queda la opción de "no hay trato".

  Quinto Hábito: Procure primero comprender y después ser comprendido.
   Este hábito trata de ponerse primero en el lugar del otro, de ver las cosas desde su punto de vista. Se basa en el refrán popular de " Todo es del color del cristal con que se mire". Es quizás el más difícil de practicar, casi siempre pasamos más tiempo hablando que escuchando y creemos que las cosas sólo pueden ser de la manera en que nosotros las vemos.

  Sexto Hábito: La sinergia.
  Algunas metas las podemos lograr solos, pero las empresas grandes sólo las podemos lograr con trabajo en equipo. Proyectos como la llegada del hombre a la Luna o la fabricación de la Bomba Atómica son el resultado del trabajo sinérgico.

 Séptimo Hábito: Afile la sierra.
     Este capítulo comienza con la historia de un leñador que se encuentra tan inmerso en su trabajo de derribar árboles que olvida que dedicar unos minutos a afilar su sierra le haría ahorrar muchas horas de esfuerzo. Aplicado a nuestra vida afilar la sierra se refiere a dedicar un breve espacio de nuestra vida a mejorar nuestras condiciones físicas e intelectuales mediante el ejercicio físico y el estudio 

En su libro 2004: “El 8vo hábito: From Effectiveness to Greatness”, Covey introduce un octavo hábito adicional:

Octavo Hábito: Encuentre su propia voz y haga que su voz inspire a otros para que encuentren la suya.

     Animar hacia la “grandeza”, significa actuar con integridad como individuo y ayudar a otros para que hagan lo mismo. Según Covey, este hábito representa la 3ra dimensión de su modelo.

  La grandeza es el traslape de:

Grandeza personal. Aplicación de los 7 hábitos en las formas de: visión, disciplina, pasión y conciencia.

Grandeza de Liderazgo. Aplicando los 4 papeles del liderazgo, que están modelando los 7 hábitos: Encontrar la trayectoria. Creando el modelo. Alineamiento. Crear un sistema de trabajo técnicamente impecable. Empoderamiento. Liberar el talento, la energía, y la contribución de la gente. Dar el ejemplo. Para construir confianza en otros. Es el corazón del liderazgo eficaz.

Grandeza organizacional. Ésta es grandeza convertida en una visión, una misión y unos valores. Esto trae la claridad, compromiso, difusión, sinergia, y permite la confiabilidad.

por Stephen Covey ( tomado de www.ministros.org)

Como mantener a lo Jovenes en la Iglesia/Cesar Depaz jr.

Hace poco escribí que en la Iglesia no estamos para entretener a los jóvenes, ni tampoco debemos preocuparnos tanto por ofrecerles “una alternativa mejor”.  Eso se ha convertido en, lo que he llamado, competir con el mundo. 

Muchos líderes piensan que si afuera hay algo que atrae a muchos jóvenes, entonces nosotros tenemos que ofrecer algo igual o mejor.  Un ejemplo muy claro es el de la música.   

Si el día de mañana algún grupo secular sale con un ritmo y estilo diferente de música, de esos que “pegan”, me parece que es una lástima que casi de inmediato, salgan cantantes cristianos copiando ese estilo de música que se pone de moda.

Quiero aclarar que no estoy en contra de la música.  A mí me encanta de todos los ritmos y sabores.  Pero estoy presentando un ejemplo de cómo la Iglesia reacciona y entra en una competencia con el mundo. 

A nosotros como jóvenes nos gusta disfrutar.  Nos gusta salir con los amigos, jugar fútbol, ir al cine, escuchar música...  pero también, nos gusta ser escuchados.  Nos gusta sentirnos que le importamos a alguien, queremos saber que somos valorados y que somos especiales.

Cuantos de estos jóvenes, que salen de fiesta todo el tiempo, han llorado por que no hay quien los entienda, quien los escuche, quien los valore?  Cuantos de ellos han tenido que recurrir a las drogas o al alcohol, por que no han encontrado a nadie con quien puedan confiar y hablar sobre el abuso que recibieron en sus hogares?

Seamos realistas.  Yo he sido cristiano toda mi vida y ya por mucho tiempo he estado trabajando en varias áreas de la Iglesia.  Saben que ha habido días en donde me he sentido solo, triste, con problemas, con el corazón roto por que mi novia me dejo, etc.?   

En esos momentos enfrente 2 opciones:  1-  Buscar el desahogo y olvido en el vicio ( cualquiera que sea ) o 2-  Buscar a un líder o amigo cristiano que me ayudara a salir adelante.

Ese amor y apoyo que recibí, me han mantenido en la iglesia y ahora quiero compartir con otros lo que yo he recibido.

La iglesia no debe preocuparse tanto por buscar la manera de ofrecerles algo interesante o divertido para atraerlos.  Mas bien, debe de preocuparse por dejarle saber a todos estos jóvenes que –como iglesia-  estamos para brindar amistad, apoyo, consuelo, comprensión. 

Debemos demostrar que ellos son importantes para nosotros y que deseamos su bienestar.  La Biblia dice que debemos amar y demostrar ese amor como Cristo lo hizo por nosotros.

Piensa en esto:   Que pasa si tu pastor nunca te llama, ni pregunta como esta tu familia, trabajo, etc.? 

Que pasa si cuando quieres hablar con El, siempre esta ocupado o no te dedica mucho tiempo? 

Como te sentirías?  Crees que el hacer conciertos, seminarios, paseos, campamentos, podrían hacerte sentir mejor?   Que pensarías si tu pastor de dice: “Se que te sientes mal y necesitas apoyo, pero ahorita no puedo.  Ven al concierto de esta noche y te sentirás mejor”?

No importa cuantas actividades hagas, nunca podrás mantener a estos jóvenes en la iglesia, a menos que también, te preocupes por darles atención.

Como jóvenes queremos disfrutar y no hay nada de malo en eso.  Hacer conciertos, campamentos, ir al cine, y todas estas cosas nos ayudan a fortalecer el compañerismo y la unidad.  Es bueno y necesario que también nos podamos divertir. 

Simplemente, que atraer a los jóvenes no es suficiente.  Queremos mantenerlos en la iglesia y esto solamente se logra demostrando amor e interés.   

Una vez escuche a alguien decir:  “Las personas no les importa cuanto sabes o haces, si antes no saben cuanto les importas”  ( en ingles suena mejor:  “People don’t care what you know, until they know that you care”)

Activa tu fe 

fuente: www.ministros.org

Entrevista con Howard

Entrevista Exclusiva con Howard Andruejol, Pastor de jóvenes en la Cd. De Guatemala, ha escrito algunos libros entre ellos Internet al Máximo, colaborador de Especialidades Juveniles, y a la vez escribe para otros medios. Excelente líder, y próximamente estará  en Neón que es una convención de lideres juveniles.

-Como vez la juventud en los últimos tiempos?

            En los últimos tiempos estoy viendo que la juventud esta teniendo un grabe problema para decidir que es lo que esta bien y lo que esta mal, lo que les hemos enseñado que esta bien, hoy lo ven como que esta mal, y las cosas que les hemos enseñado que están mal, hoy las ven como que están bien, por ejemplo escribí un articulo que dice “Cuando el Pecado funciona bien”, a veces el pecado te sale mal, pero otras te sale bien, es cuestión de definir que es santo, que es bueno y que es malo.

-Ahora estamos viendo un problema de que todo es igual, de que tenemos que manejar todas las cosas, las canciones igual, las costumbres igual. Tu que opinas de todo este movimiento?

            Creo que puede funcionar, pero también creo que puede haber peligro, por ejemplo te puedo mencionar a alguien que conocemos es un grupo en EEUU que se llama Polegetics, ellos hacen parodia con las canciones del “mundo” las tocan igual pero le cambian toda la letra, por ejemplo la canción de Riky Marti Vive la vida loca, ellos la cantan Viviendo lo que Jesús hablo, (versión en ingles) a mi en lo particular no me gusta, no me edifica ni me hace pensar en la de Riky Marti , pero ellos me dicen que querían enseñar a los niños verdades bíblicas, y con las nuevas letras pudieron aprender principios bíblicos, funciona en ese momento en ese contexto, pero a mi no me funciona, y en mi grupo de jóvenes tampoco, entonces creemos que en todos los lugares va a funcionar, pero no siempre es así, considero que la mayoría de la veces no. Lo que si creo es que tenemos que ver la motivación , el contenido y el resultado y en eso si podemos ser críticos

-Hoy la juventud esta muy relegada, la tenemos muy apartada, creemos que Dios no los puede usar. Tu que le aconsejarías a los pastores, a los líderes, que has visto a los chavos batallar, esforzarse,  que les dirías?

            El problema creo yo, que la mayoría de los adultos no nos hemos dado cuenta que los jóvenes son de otro planeta, y los adultos de otro, y queremos que los jóvenes se planetizen a nuestro estilo que somos los líderes maduros “supuestamente” deberíamos de hacer misiones interplanetarias, y decirles que Dios quiere usarlos en su generación, en su mundo, y como dice proverbios en su camino, entonces ese es un serio problema el no entender que hay una brecha generacional, una brecha cultural, y creemos que si no es como los adultos, Dios no lo puede usar, Dios no lo va a bendecir y no entendemos que la juventud es la que Dios uso y podemos poner el ejemplo de los discípulos, que viendo la historia y la cultura podemos ver que estos eran unos muchachos quizás hasta adolescentes , podemos ver que María era una jovencita , talvez como las que vemos hoy y Jesús dejo dicho muy claramente que íbamos hacer cosas aun mayores que las de Él y creo que se refería al discipulado multiplicador, a eso agrégale la tecnología que ellos manejan y nosotros no, la energía, las ideas, la creatividad ósea es el tiempo de ellos , somos una generación de transición  y tenemos que entregarles a ellos un espacio limpio, santo preparado por que es el tiempo de ellos..
-Tocaste algo muy importante que es la tecnología, que avanza a pasos agigantados y hasta creo que nos esta aplastando. Tu crees que eso sea bueno para los jóvenes?

            Yo creo que la tecnología en si no puede ser ni buena ni mala, si no que va a ser la motivación el contenido y el resultado. Acabo de escribir un libro llamado Internet para adolescentes, y creo que mucha gente se esperaba que hablara de que es malo, es feo es horrible tengan cuidado, y uno de mis propósitos fue decirles a los jóvenes órale aprovechen el Internet, hagan algo bueno, algo productivo cuídese por supuesto , y creo que Dios permite que este ahí para que lo usemos y le saquemos el máximo provecho, porque también se puede usar para lo malo, creo que la sabiduría no es quitar la tecnología, porque si quitamos esto y nos vamos a una isla desierta seguimos teniendo los mismos problemas porque el problema esta adentro no aya afuera, entonces si la tecnología la usamos para Honrar a Dios, para bendecir a otra gente y evitamos lo que nos contamine entonces es bueno, pero en si no puedo decir que la tecnología sea buena ni mala todo depende para que se use. La que la hace buena o mala somos nosotros, pero esas páginas de Internet que tienen nombres raros!!!, aguerridos!!!, que son una bendición.

-Ya para terminar. Que les quieres dejar a los jóvenes, que mensaje les deseas dar?

            Yo quiero recordarles con mucho cariño el Sal. 119:45  “Y andaré en libertad porque he guardado tus mandamientos” la forma en que vas a disfrutar la vida al máximo es obedeciendo las normas  de Dios, las normas de Dios son para protegerte, para protegerte de la desgracia asquerosa de el pecado, obedece, y entonces vas a poder ser libre, pero si no obedeces entonces vas a ser esclavo de el pecado mejor recuerda el Sal. 119:45 y el resto de estos versículos y mi mensaje es disfruten de todos los placeres de la libertad y esto es obedeciendo, y visiten el guerrero pelionero, como es que se me olvido....
 
-guerrero fiel.com

            A si visiten guerrerofiel.com muchas gracias y bendiciones.

Cuando el pecado funciona bien/ Howard Andruejol

El reconocido pionero y experto en el campo del desarrollo cognitivo, Jean Piaget, describió que los pensamientos de los jóvenes son por lo general idealistas. Hace unos días tuve la oportunidad de corroborar dicha afirmación, como un concepto extendido en una pareja de novios. Como mucho entusiasmo, la chica (una amiga a quien hace poco tiempo conocí) me comentó que estaban muy prontos a casarse, noticia que confieso me alegró muchísimo. Luego, añadió con emoción que ¡esta sería una boda diferente a cualquier ceremonia tradicional! Me aclaró que no se refería precisamente al evento, sino al hecho que ella y su pareja llevaban ya varios meses viviendo juntos. (Sorpresa. No lo sabía.) Habían compartido libremente como pareja, todo con una muy buena intención, con el permiso y consentimiento de sus padres incluso. Por supuesto, ellos querían aprender a amarse, a disfrutarse el uno al otro, a “conocerse” (desde hábitos, carácter, personalidad, hasta su sexualidad). Me contó también ¡cuánto disfrutaban de una relación maravillosa! (y debo confesar aquí que ella se veía mucho más feliz que otras parejas cristianas que conozco). Finalmente agregó que al llegar el día de su boda, ambos buscaban la bendición de Dios para su relación. (Sorpresa. No supe que decir.)

Para cualquiera de nosotros con cierto grado de conocimiento (o madurez) espiritual, sería evidentemente sencillo describir la relación de esta señorita con su novio como una falta a los principios de Dios. Llamaríamos su pecado fornicación. En efecto, eso es; no obstante, ellos lo llamarían una bendición.

Recientemente también leí un mensaje publicado en el foro de mi sitio en Internet. Un joven cristiano escribía para buscar un consejo en medio de una situación difícil. Transcribo aquí la primera parte de su mensaje (y mientras lo lees, te animaría a ir pensando que le responderías a este chico):

Tengo 22 años, mis padres son pastores. Hace 2 meses me puse de novio con la secretaria de la iglesia de 23 años (la conozco hace 4), es hermosa, la amo y sé que es la mujer de mi vida. El tema es que todo se fue dando muy rápido. Yo era virgen, ella no y le pesaba mucho. Nos dejamos llevar por nuestros deseos y tuvimos relaciones varias veces en una semana. En estos días ella comenzó a tener pequeños síntomas que nos alarmaron y nos llevan a pensar que quizá esté embarazada.

La pregunta específicamente es planteada en la segunda parte de su mensaje; aunque uno casi puede intuir cuál será. Podemos ya anticiparnos a saber qué va a decir, cómo se siente, y cuáles son sus alternativas inmediatas para lidiar con el pecado. Pues bien, continuemos leyendo entonces su caso.

Mi problema es que estoy MUY FELIZ, sé que estuvo mal, sé que pequé y me arrepentí delante de Dios, pero tener un hijo con ella es lo más hermoso que me pueda pasar. Obviamente voy a reconocer a mi hijo y a casarme con ella. Todavía no he hablado con mis padres... es un tema que me pesa mucho, pero más me pesa estar tan contento.... ¿qué hago?

Un caso más de un pecado “bonito”, casi “positivo”. Aquellos de nosotros que quizás hemos crecido más bien con un pensamiento pesimista, posiblemente hubiésemos saltado a defender la fe, y promulgar que la Biblia declara que relaciones como estas son catalogadas como pecaminosas. Tal vez para afirmar nuestro juicio, habríamos recurrido a señalamientos como "el pecado no puede hacerte realmente feliz". O bien, con el deseo de convencer a una pareja que no se desenvuelva en este tipo de relación, habríamos agregado la mala noticia de las posibles consecuencias (embarazo no deseado, infidelidad, enfermedades de transmisión sexual, sentimiento de culpa o de baja autoestima, desaprobación de los padres y la sociedad, y otros más en el repertorio). No obstante, en estos casos, y en muchos otros, este bagaje de argumentos resulta poco efectivo.

Recientemente he tenido que hacerme la pregunta (como si me aconsejara a mí mismo) sobre las razones que tengo para no pecar. Y es que muchas veces aparece frente a mí la tentación con su sutil y enfermizo engaño, y me detengo a pensar qué impide que no ceda a su seducción. En algunos casos, mi cuestionamiento más bien busca qué me motiva para rechazarla (pienso que son dos cosas diferentes).

Lógicamente, he aprendido tres grandes argumentos que intentan detenernos en nuestra búsqueda del pecado (así fui educad, con muy buena intensión): la culpa, la vergüenza, y las consecuencias.

En el primer caso hemos dicho que el pecado te hace sentir miserable (y créanme, lo he experimentado –generalmente veo atrás y me pregunto cómo pude ser tan tonto de hacer o decir aquello). Naturalmente, le hemos dicho a cualquiera que está jugando con el pecado, que éste cobrará su factura haciéndole sentir muy mal, castigándole con tristeza y remordimiento demasiado pesados para desear. Muchas veces es así. Pero, ¿qué de aquellas situaciones cuando el pecado realmente te hace sentir mejor? ¿Las has visto? ¿Las has experimentado? Bueno, ¿qué tal una tensión comprometedora donde la mentira te provee una salida y un alivio? ¿Qué de aquel pecado sexual que te hace sentir feliz? ¿Qué de aquel rey que luego de su adulterio con Betsabé encontró la paz y la solución a sus problemas al asesinar a Urías? El sentimiento de culpa no será siempre el mejor antídoto.

En el segundo caso, apelamos a la dignidad y el testimonio. ¡Qué vergonzoso y humillante sería ser descubiertos en pecado! Quizás debo agregar, ¡qué miedo! Nuevamente, también lo he vivido (y no es muy agradable estar platicando frente a frente con alguien que tiene preguntas acerca de las cosas que yo pensaba que nadie sabía). Sin embargo, ¿no es cierto que sería posible desarrollar tal habilidad para no ser descubiertos, a tal grado que podríamos guardar el pecado en secreto? ¿No es esto lo que nos sorprende cuando una pareja de novios que lideran algún ministerio nos confiesa acerca de sus encuentros sexuales? ¿No es esto lo que nos asusta de cualquier otro pecado sexual? ¿Y qué del rencor, la envidia, o el odio? ¿Dónde dejaríamos los problemas con trastornos alimenticios? Nadie lo sabe, nadie los ve; todos son secretos. Y otra vez, parece que nuestro argumento no funciona.

En tercer lugar, nuestro intento de persuadir nuestras decisiones lejos del pecado se concentra en las consecuencias negativas del mismo. Por supuesto, creo que el pecado nunca trae bendición, pero tampoco veo en la vida práctica como trae todas las maldiciones que normalmente promulgamos. De hecho, aquí también es posible aprender a controlar las consecuencias, y a sobrevivir con ellas. De hecho podríamos debatir entre las consecuencias inmediatas y las de largo plazo; las individuales y las que afectan a quienes nos rodean. Pero no creo que estos debates sean de mucha relevancia para el chico que prefiere ver pornografía y masturbarse que salir a tener relaciones sexuales. No creo que sea gran cosa para aquellos que violan la ley y no son atrapados (lo vivo a diario cuando veo que personas transgreden las normas de tránsito y llegan antes que yo a sus destinos). Tampoco creo que esto limite la rebeldía. El temor a lo que pueda pasar no es algo que nos frene de pecar; más bien parece que nos desafía a encontrar otra manera de desviar lo que podría acontecer. En efecto, cuando hablamos de consecuencias, tenemos que reconocer que hablamos de riesgos y no de hechos.

En pocas palabras, tenemos que aceptar la realidad que muchas veces el pecado no nos hace sentir mal, no es descubierto, y tampoco nos garantiza un rayo del cielo. En lugar de aprender a abandonar el pecado, estamos descubriendo formas de no culparnos por él, estrategias para esconderlo y mecanismos para controlar sus frutos negativos. Nuestros tres argumentos principales contra la desobediencia, derribados.

En ningún momento estoy abogando a favor del pecado. No estoy afirmando que sea una bendición, un beneficio desobedecer. Más bien pretendo indagar (de nuevo) acerca de las razones, las explicaciones, los argumentos, para llevar una vida de santidad. En otras palabras, ¿cuál es entonces una buena razón para no pecar? ¿Qué es lo que debe pues motivarnos a vivir en obediencia?

Sin lugar a duda, encontramos desde la creación que el pecado tiene serias consecuencias sobre nuestra persona (Génesis 2:16,17). Adicionalmente, sabemos con certeza que Dios es fiel en disciplinar (discipular) a sus hijos cuando es necesario; es decir, en el momento de la desobediencia, Dios interviene a nuestro favor y nos corrige (Hebreos 12:5,6).

No obstante, se hace totalmente inútil el seguir centrando nuestra argumentación acerca del pecado en nosotros mismos (culpabilidad, vergüenza y consecuencias). Me atrevo a agregar que nuestra opinión sobre el tema mismo ni siquiera cuenta (o sea, ¿te parece justo que la humanidad entera pague el precio de la muerte eterna solamente porque dos personas decidieron comer la fruta equivocada?).

Al enfocarnos en nosotros mismos, y por ende en nuestra propia opinión, seremos presa fácil del relativismo moral. Cada uno tendrá su propio punto de vista, su propia verdad, su propia historia que narrar. Cada cual se convertirá en juez de su misma existencia. Daremos paso a la mente subjetiva y concluiremos que solamente porque algo sea malo para ti, no tiene que ser malo para mí.

Sin embargo, si vamos a convertirnos en hombres y mujeres guiados por el Espíritu, entonces tendremos que reconocer una razón superior para vivir en la pureza de la santidad y desechar el engaño del pecado. Tu opinión y la mía no cuentan. Tendremos que orientar nuestra decisión de obedecer más allá de las consecuencias, por encima de la simple sumisión a las normas escritas. Cada cosa tiene su lugar.

Remontémonos por un momento al relato de Deuteronomio 6. Este es un pasaje fundamental en la fe del pueblo de Dios, una norma de prioridad en el hijo de Dios (Mateo 22:34-40).
El verso 1 declara: “Éstos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión”. Dios está hablando muy en serio aquí. Por medio de las palabras “mandamientos”, “preceptos”,
“normas” vemos que esto no ha sido dejado al gusto del lector, en calidad de sugerencia. La obediencia requerida es sin lugar a duda una exigencia. El emisor de la orden es el mismo Dios, el Señor. Luego, encontramos en seguida una descripción de las consecuencias de la obediencia. Después de la orden, viene la recompensa. Los versos 2 y 3 afirman: “para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida. Escucha, Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados.” Como era de esperarse, el resultado de seguir las normas es la bendición. Sin embargo, los siguientes dos versos cobrar un giro dramático, hasta cierto punto inesperado en la narración. De la orden y las consecuencias, nos movemos hacia un nivel superior. Seamos francos. Nosotros solemos dejar en nuestro razonamiento del pecado y la obediencia solamente al ras de lo humano, de las normas y los resultados. Tratamos de motivar y convencer a otros en este mismo plano (incluso nos predicamos a nosotros mismos esas lecciones). Pero muy pocas veces hemos entendido que lo más importante en nuestra vida no es el seguir normas. Pocas veces hemos comprendido que la prioridad de nuestra existencia no es solamente cumplir con la religión ni tampoco simplemente obedecer la Biblia.Hemos sido llamados para gozar de una relación personal con el Dios verdadero. “Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.” (v.4-6)
La orden, el mandamiento principal gira alrededor de una relación. El amor a Dios es la motivación correcta para obedecer todos sus mandamientos. La entrega total en esa relación es el verdadero mandamiento a obedecer.
Cada vez que puedo, aprovecho las oportunidades para que todos se enteren que no me gusta la cebolla (así que, por si no lo sabías, ya te enteraste). Sin embargo, a mi esposa, le encanta la cebolla (he allí un problema). Así que muchas veces tenemos que tomar decisiones acerca de los alimentos, especialmente cuando se trata de ordenar una pizza. A mí me gusta sin cebolla, y a ella le gusta con… eso (ya ni quiero escribir la palabra). Por supuesto, hay varias formas creativas de resolver el asunto, pero he notado que la solución más común al dilema es que mi esposa decide que nuestra pizza no contenga cebolla. ¿La razón de su decisión? No es que no le guste (le encanta), no es que sea dañina para su salud (al contrario), no es que no tenga ganas (ella se sacrifica).

Sencillamente, pienso que es una decisión de amor. Porque me ama, y quiere agradarme (y claro, no quiere perder la bendición de mis besos), ella decide libremente honrarme. Es por una relación no centrada en ella misma que puede actuar así.

De manera similar, voy a tomar la decisión consciente de no pecar porque amo a Dios. Voy a dar los pasos firmes para alejarme de mi desobediencia porque amo a Dios. Voy a pagar el precio de morir a mis deseos porque amo a Dios. No voy a centrarme en mi mismo, mis argumentos, mis beneficios, mis sacrificios, mis opiniones, sino en Dios y mi relación de amor con él.
Debido a que tengo una relación personal con el Dios verdadero, cada día de mi vida me esforzaré por amarle más en obediencia. Procuraré que mis pensamientos, palabras y acciones no sean desagradables para Él. Si voy a ser santo, será porque Él es santo (I Pedro 1:16; Levítico 11:44,45; 19:2). Si voy a obedecer, es porque le amo (Juan 14:15).

Es tiempo de regresar a esa intimidad con Dios, y abandonar cualquier lógica en exceso que justifique o condene nuestra conducta. No importa si tu pecado funciona bien (y dicho sea de paso, espero que no sea así). Deberás abandonarlo por algo más importante: tu relación de amor con Dios.

Él sigue exigiendo y una santidad intachable, deseando diariamente relacionarse contigo sin estorbos. Él sigue buscando las oportunidades de premiar tu obediencia. Quizás la próxima vez que la tentación aceche, o que consideres que pecar no sería tan malo, podrías recordar tu relación de amor con Dios.

Fuente: www.especialidadesjuveniles.com

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